Una región en llamas: los 11 focos de conflicto en Oriente Próximo | Internacional

Desde los escombros a los que ha quedado reducida Ciudad de Gaza —en la Palestina ocupada y asediada por Israel, junto al Mediterráneo— hasta Panjgur —un oasis en medio de las áridas montañas del Baluchistán paquistaní refugio de insurgentes independentistas de esa minoría repartida en tres países—, 2.900 kilómetros al este. Desde el corredor de Lachín —en el Cáucaso, que une Armenia con lo que fue Nagorno Karabaj (el desaparecido enclave en territorio de Azerbaiyán)— hasta el puerto yemení de Hodeida —a la entrada del mar Rojo, donde los rebeldes hutíes hostigan a los cargueros de una de las principales rutas comerciales que une el sudeste asiático con Europa—, 2.800 kilómetros al sur.

Desde el pasado 7 de octubre, cuando Hamás atacó Israel causando 1.200 muertos y llevándose por la fuerza a Gaza a 240 rehenes, el Gobierno israelí lanzó una campaña militar por tierra, mar y aire contra la Franja que roza ya las 25.000 víctimas mortales, de las que se estima que el 70% son civiles. Esta enésima resurrección del conflicto entre Israel y Palestina se ha extendido y ha multiplicado o endurecido las hostilidades en un área de 10 Estados con una superficie de 3,7 millones de kilómetros cuadrados (superior a la India) en la que viven 454 millones de habitantes, el 5,6% de la población mundial.

A lo largo de ese vasto territorio, las acciones armadas las han ejercido ejércitos regulares (Israel, Irán, Pakistán), milicias apoyadas por Irán (Hamás, Hezbolá, grupos chiíes de Siria e Irak, los hutíes de Yemen) y grupos terroristas como el Estado Islámico o los separatistas baluchíes de Yeish al Adl, en Irán. En la violencia generalizada están involucradas, además, dos potencias nucleares: Israel y Pakistán. Sobre el terreno también han actuado otros actores externos, como Estados Unidos (en Irak y Yemen) y el Reino Unido, que también ha atacado a los hutíes en la Operación Guardian de la Prosperidad, de la que forman parte otros 10 países, entre los que están Alemania y Canadá.

Han pasado ya más de tres meses desde los ataques del 7 de octubre y la respuesta militar israelí, un cóctel que ha puesto en llamas a toda la región. Estos son los principales frentes en los que se combate.

1. Gaza: 25.000 muertes en tres meses

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Es el centro de la crisis que asola Oriente Próximo. De este minúsculo territorio empobrecido, masificado (60 veces más densidad de población que España) y sin horizonte de esperanza tras 16 años de bloqueo y cuatro ofensivas, salieron el 7 de octubre los milicianos que mataron a unas 1.200 personas y secuestraron a más de 200 en Israel. Ese mismo día, comenzaron los bombardeos masivos contra la Franja.

El resto es conocido: una invasión terrestre, el desplazamiento forzoso al sur de casi toda la población, arrestos masivos y una crisis humanitaria causada por la decisión de Israel de limitar el combustible, comida y agua que entra. Los muertos se acercan a los 25.000, más del 1% de la población. Son, en su mayoría, mujeres y menores. Se estima que hay otros 8.000 cadáveres bajo los escombros de una Gaza con barrios enteros en ruinas y más edificios dañados que intactos.

El día a día de la población ―apiñada en su mayoría en el sur, donde fue obligada a desplazarse y ahora se centran los bombardeos― consiste principalmente en lograr comida al menos una vez al día (de la ayuda humanitaria o en el mercado negro) y agua e ingeniárselas para calentarse y cargar el móvil. Faltan porque Israel los limita, como parte de su estrategia bélica. En el norte apenas hay hospitales operativos.

La intensidad de los bombardeos no tiene parangón desde la II Guerra Mundial. Sudáfrica ha llevado a Israel al Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya, por su matanza. Lo acusa del delito de genocidio, es decir, de actuar con la intención de eliminar, total o parcialmente, a los palestinos como pueblo.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reiteró este jueves su determinación a continuar la campaña hasta la “victoria total” sobre Hamás, el movimiento islamista que gobierna Gaza desde 2007 y planificó el ataque, lo que requerirá “muchos más meses”.

2. Cisjordania: vasos comunicantes

2023 ya era el año más violento en Cisjordania desde el fin de la Segunda Intifada (2005) cuando llegó el 7 de octubre. Pese a su separación geográfica, Gaza y Cisjordania suelen ser vasos comunicantes, así que prendió la violencia. Unos cuatro palestinos mueren hoy de media allí cada día, principalmente por fuego de soldados israelíes y, ocasionalmente, de colonos radicales, que han forzado el desplazamiento de comunidades aprovechando que todas las miradas están en Gaza. Según datos de la ONU, el año acabó con 509 muertos. Es el triple que el total entre 2008 y 2015.

El ejército israelí ha retomado tácticas que apenas usó en dos décadas. Cada vez efectúa más “asesinatos selectivos” con drones. Decenas de muertos son milicianos, sobre todo en redadas. Otros, civiles, como los dos niños de Yenín cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, un señor que abría una barrera para entrar a su pueblo, o un joven disparado a quemarropa por un colono.

Los habituales retenes, controles militares y barreras al movimiento se han incrementado. Es difícil desplazarse de una y otra parte del territorio, ocupado militarmente desde la Guerra de los Seis Días de 1967. La población, en cualquier caso, suele quedarse en su localidad. Gran parte del 22% de la fuerza laboral está en casa. Son las decenas de miles de palestinos que entraban a trabajar a Israel o a las colonias. Sus permisos están congelados desde el ataque de Hamás. Es habitual verlos ahora de dependientes o camareros, contratados como favor por un tercio de lo que solía proveer a su familia.

Los funcionarios aún no han cobrado diciembre. La Autoridad Nacional Palestina paga sus salarios en parte con tasas que Israel recauda y está obligado a transferirle. El ministro de Finanzas, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, rechaza desde octubre transferir la parte correspondiente a los funcionarios en Gaza: “Ni un séquel irá a los terroristas nazis”.

3. Israel: del ‘shock’ a la guerra multifrente

Desde el 7 de octubre, la jornada más letal de su historia, Israel está inmerso en una guerra multifrente, como la define su ministro de Defensa, Yoav Gallant. Cada uno, con diferente intensidad. El más delicado, por su potencial explosivo, es Líbano, desde donde Hezbolá lanza a diario proyectiles antitanque, cohetes o drones cargados de explosivos. Uno de los últimos llegó a explotar la pasada semana en el cuartel militar del mando norte en Safed, a 15 kilómetros de la frontera. También atacan desde Siria, de forma más esporádica, grupos armados proiraníes o palestinos.

Aunque la atención sobre los hutíes se ha centrado en su hostigamiento a los barcos en el mar Rojo y los bombardeos de represalia estadounidenses, la milicia yemení ha lanzado cinco misiles (todos interceptados) contra Eilat, la ciudad que alberga a decenas de miles de evacuados de otras partes de Israel.

En Gaza, pasadas las primeras semanas de castigo aéreo, los soldados israelíes pisaron el suelo y entraron con blindados en las ciudades, donde los milicianos palestinos emplean tácticas típicas de guerrilla contra un enemigo superior. Les tienden emboscadas, disparan a través de la ventana, lanzan proyectiles de mortero contra los blindados o se acercan a adosarles un explosivo y huyen. Ya han muerto 194.

Desde finales de diciembre, Israel ha pisado el acelerador de los asesinatos selectivos en otros países, abriendo el camino a una escalada. No solo un líder de Hamás, Saleh Al Aruri, en Beirut, sino también hombres más directamente vinculados a Irán, al que Netanyahu gusta de definir como “la cabeza del pulpo”. Ha matado a dos mandos de la rama militar de Hezbolá ―Wissam Al Tawil y Ali Hussein Burji, al que vinculaba al dron lanzado contra Safed―, a un general de la Guardia Revolucionaria iraní, Razi Mousavi, y a otros cinco de sus miembros, este sábado, también en Damasco.

4. Líbano: una crisis monumental y una posible guerra

Hasta el 7 de octubre, los libaneses se preocupaban por el presente. Con el país inmerso desde 2019 en lo que el Banco Mundial define como una de las tres crisis económicas más graves del planeta desde el siglo XIX, la prioridad era ir tirando. El presidente del banco central, Riad Salameh, acababa de dejar el cargo tras 30 años con una ristra de acusaciones de corrupción y el país seguía —y sigue— sin presidente, por falta de acuerdo sobre el sucesor.

Hoy, preocupa el futuro: la posibilidad de una guerra. La decisión no depende del Estado, sino de Israel y de la milicia Hezbolá, con decenas de miles de misiles y combatientes con experiencia en la guerra siria. Primero tímidamente y cada vez más abiertamente, mantienen enfrentamientos diarios en la frontera. El líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, ha dado varios discursos en los que la retórica grandilocuente no esconde la escasa voluntad de ir con todo contra uno de los ejércitos más poderosos del mundo

Aunque se miden muchos pasos, aumentan los signos preocupantes. Tras los asesinatos selectivos este mes de un líder de Hamás en Beirut, y de un comandante de la rama militar de Hezbolá, un proyectil antitanque mató a dos civiles en Israel. La respuesta fueron los bombardeos aéreos más intensos desde octubre. En otro contexto, todo habría degenerado ya en conflicto abierto. Este miércoles, el jefe del Estado mayor israelí, Herzi Halevi, admitió que la probabilidad de guerra en los próximos meses es “mucho mayor”.

Israel quiere garantías para devolver a sus hogares a los 80.000 nacionales que ha desplazado de la frontera. Se plantea dos formas: con un acuerdo —como negocia EE UU— o con una guerra que empequeñecería a la de 2006 y devolvería a Líbano “a la Edad de Piedra”, en palabras de ministro israelí de Defensa.

5. Siria: bombas turcas, jordanas e israelíes

Opacada por Gaza, Siria se aproxima a los 13 años de una guerra que supera el medio millón de muertos y ha expulsado de sus hogares a más de la mitad de la población. A la sensación de que el tiempo se ha detenido contribuye que las líneas de frente no han cambiado apenas esta década, con el régimen de Bachar El Asad al frente de la mayor parte del territorio, incluidas las principales ciudades, reabriendo las puertas al turismo y regresando a la Liga Árabe entre los abrazos de quienes trataron de derrocarlo. El resto es un puzle bajo control kurdo, yihadista o de otras fuerzas rebeldes en el que entran en juego las pugnas entre potencias extranjeras.

Algunos acontecimientos recuerdan que Siria sigue existiendo. Hace un año fue el terremoto con epicentro en Turquía, que arrancó unas 6.000 vidas en Siria, sobre todo en el noroeste, donde se apiñan tres millones de desplazados. Luego, una localidad de mayoría drusa leal al régimen, Sueida, coreó lemas contra El Asad que no se oían desde la revuelta ciudadana, en plena Primavera Árabe. En octubre, drones cargados de explosivos causaron 80 muertos en una academia militar, en uno de los ataques más letales en la zona bajo control de El Asad.

Mientras, un 90% de la población sigue en la pobreza. El contagio de la crisis libanesa, la covid y el impacto en el precio del trigo de la guerra de Ucrania han empeorado su situación. En 2022 la inflación rozó el 85%.

En río revuelto, Turquía bombardea el Kurdistán; Jordania, a los narcotraficantes cerca de su frontera; e Israel, a las milicias proiraníes o palestinas, que han lanzado desde octubre cohetes o drones contra los Altos del Golán. Hace años que Israel bombardea Siria cada mes, pero la guerra en Gaza ha aumentado el fuego cruzado.

6. Irak: de potencia regional a zona de fricción entre Washington y Teherán

Antes de 2003, Irak era una de las mayores potencias regionales de Oriente Próximo, uno de los apoyos de las facciones palestinas y enemigo declarado de Israel. La invasión de EE UU sumió a Irak en el caos, provocando una serie de conflictos encadenados —insurgencia y represión estadounidense, violencia sectaria, expansión del Estado Islámico— que han provocado la muerte de cientos de miles de civiles y de los que el país no se ha recuperado, dejándolo a merced de la influencia de las potencias extranjeras.

El modelo político impuesto por la ocupación estadounidense acentuó las divisiones étnicas (árabes, kurdos, turcomanos) y religiosas (musulmanes chiíes —mayoritarios—, musulmanes suníes, cristianos, yazidíes), lo que permitió a Irán incrementar su influencia en un país que hasta entonces le estaba vedado. Varios partidos políticos chiíes y las milicias Unidades de Movilización Popular se coordinan directamente con la Guardia Revolucionaria iraní y con Teherán.

Desde el 7 de octubre, las milicias proiraníes han llevado a cabo cerca de un centenar de ataques contra las bases de EE UU en Irak, provocando decenas de heridos. Washington, que todavía mantiene unos 2.500 militares en suelo iraquí, ha respondido matando a una treintena de milicianos chiíes, incluido a uno de sus principales comandantes, Mushtak Taleb al Saidi, en un ataque con drones en Bagdad el pasado día 4.

El Gobierno iraquí ha denunciado los últimos bombardeos de Irán en suelo iraquí ante la ONU y también ha pedido a Washington que retire totalmente sus tropas del país.

7. Irán: el líder del Eje de Resistencia con múltiples vínculos

En 2002, el presidente estadounidense George Bush acuñó el término “Eje del Mal” para referirse a Corea del Norte, Irán e Irak, país que invadiría el año siguiente. Paradójicamente, la destrucción del régimen de Sadam Hussein en Bagdad —un viejo rival de Teherán— y el caos que desató permitió a Irán expandir su influencia regional y establecer lo que llamaría “Eje de Resistencia”, una serie de alianzas destinadas a contrarrestar la presencia estadounidense y luchar contra Israel.

De la mano de un brillante estratega, Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de operaciones exteriores de la Guardia Revolucionaria —asesinado por EE UU en Bagdad en 2020—, Irán incrementó el apoyo político, económico y militar a actores en Irak (milicias y partidos políticos), Siria (el régimen de Bachar el Asad), Gaza (Hamás y la Yihad Islámica), Líbano (el partido-milicia Hezbolá) y Yemen (el movimiento hutí). Esto ha contribuido a que, por ejemplo, el régimen sirio se mantuviera en pie frente a las ofensivas de los rebeldes; que los hutíes hicieran frente a los ataques de la coalición liderada por Arabia Saudí o que Hamás y Hezbolá puedan reconstruir su estructura tras las guerras con Israel.

En respuesta, Israel ha golpeado a Irán dentro de su territorio con drones, atentados con bomba y sabotajes en instalaciones militares y atómicas. El Mosad ha asesinado a media docena de científicos involucrados en el programa nuclear iraní, se cree que con la cooperación de militantes de los Muyahidines del Pueblo, una organización islamista que rompió con la República Islámica poco después de la Revolución de 1979 y ha cometido numerosos ataques en Irán. Además, Irán se enfrenta a atentados del Estado Islámico, y de grupos kurdos y baluchís.

8. Yemen: la guerrilla que amenaza el comercio mundial

Uno de los actores que más ha contribuido a amplificar la dimensión del conflicto ha sido la guerrilla yemení Ansar Allá (Partidarios de Dios), también conocida como Huthi, por el apellido de sus principales líderes. Gracias al estratégico territorio que controla esta milicia apoyada por Irán, junto al estrecho de Bar el Mandeb —entrada y salida del mar Rojo hacia y desde el canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Índico— sus continuos ataques sobre los mercantes que transitan esta ruta marítima, la principal entre Asia y Europa y por la que circula entre el 12% y el 15% del comercio mundial, han triplicado el precio de los fletes a nivel mundial, obligando a varias de las principales navieras a rodear África para evitar ese punto.

La ofensiva de los hutíes y su influencia económica global ha provocado la formación de una coalición internacional liderada por Washington y de la que forman parte el Reino Unido, Alemania, Baréin, Canadá, Dinamarca, Grecia, Países Bajos, Noruega, Seychelles y Singapur. La alianza ha puesto en marcha la Operación Guardián de la Prosperidad para garantizar una navegabilidad segura por la zona. El pasado 11 de enero, tras 27 ataques hutíes, EE UU y el Reino Unido bombardearon más de 60 objetivos en territorio yemení controlado por los rebeldes.

Al inicio del conflicto, en las primeras semanas de octubre, los hutíes también lanzaron misiles y drones contra el sur de Israel, aunque todos ellos fueron derribados antes de alcanzar sus objetivos. Los restos de algunos de ellos cayeron sobre Egipto.

9. Kurdistán: divididos entre Turquía, Irak y Siria

Tras tres décadas de lucha contra el PKK que dejaron más de 45.000 muertos, Turquía ha logrado en los últimos años neutralizar la presencia en suelo turco de este grupo armado kurdo, por lo que la mayoría de los combates se han desplazado a Irak y Siria. En la región del Kurdistán iraquí, Ankara ha establecido bases militares y periódicamente bombardea las posiciones del PKK en las montañosas fronterizas entre Turquía e Irak e Irak e Irán, pese a las quejas de las autoridades regionales del Kurdistán y del Gobierno federal en Bagdad, que lo consideran una violación a su soberanía. Además de los bombardeos turcos, Irán y sus milicias aliadas llevan tres años incrementando sus ataques mediante artillería, misiles, drones y asesinatos en el Kurdistán iraquí, contra objetivos de Estados Unidos, empresarios kurdos que considera cercanos a Israel y exiliados kurdoiraníes que han buscado refugio en el país vecino.

En el norte de Siria, al que los kurdos se refieren como Rojava o Kurdistán sirio, una milicia vinculada al PKK, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), actualmente integradas en las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), han establecido una administración autónoma en medio de la guerra civil, gracias al apoyo de EE UU (pese a que el PKK está incluido en las listas de organizaciones terroristas de Washington y Bruselas). Pero además del millar de militares estadounidenses desplegados, en la zona también hay presencia de soldados del régimen de Bachar el Asad y de fuerzas rusas. Esto no ha sido óbice para que Turquía ataque la zona, por considerarla un refugio de “terroristas”.

Desde octubre, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha iniciado una campaña de bombardeos contra la infraestructura de la zona, en especial las instalaciones eléctricas y petrolíferas. A la vez, en los últimos meses, las tribus árabes de las zonas desérticas del este de Siria se han levantado contra la administración kurda, molestos con su Gobierno, y los combates se han intensificado.

10. Baluchistán: el contagio al subcontinente indio

La inestabilidad en Oriente Próximo traspasó el pasado martes las propias fronteras de la región para entrar de lleno en el subcontinente indio. Además del Kurdistán iraquí y Siria, Irán lanzó misiles y drones ese día contra objetivos del grupo yihadista suní e independentista Yeish al Adl en el Baluchistán paquistaní. El ataque elevó la preocupación por afectar a Pakistán, una potencia nuclear. Islamabad, que hizo pública una enérgica protesta y llamó a consultas a su embajador en Teherán, respondió dos días después en la parte de ese territorio que controla Irán con el bombardeo de supuestas bases insurgentes baluchíes. Pese a ambos incidentes y las quejas recíprocas de ambos gobiernos, los dos países se han apresurado a subrayar sus buenas relaciones.

El intercambio de fuego en Baluchistán no está directamente relacionado con el conflicto de Gaza. Los analistas lo interpretan como una demostración de fuerza de Teherán contra las organizaciones de resistencia que operan en su territorio. El 15 de diciembre, Yeish al Adl atacó una comisaría de policía en la ciudad iraní de Rask (provincia de Sistán-Baluchistán) causando la muerte a 11 agentes. Su ataque sobre Pakistán se produjo también después de los atentados de Kermán, donde dos terroristas suicidas provocaron la muerte de más de 80 personas el 3 de enero en una acción que se atribuyó el Estado Islámico.

Algunos expertos sí encuentran, sin embargo, una relación indirecta con el conflicto soterrado que, a través de sus organizaciones satélites, Irán mantiene con Israel desde el 7 de octubre. Aunque esos atentados forman parte de otras guerras y responden a fricciones internas, Teherán, en este contexto, no puede permitirse mostrar ninguna vulnerabilidad. Ni frente a sus enemigos, ni frente a su opinión pública.

11. Armenia y Azerbaiyán: otro escenario de enfrentamiento entre Israel e Irán

Con una campaña de bombardeos y avances terrestres a finales de septiembre, Azerbaiyán inició su ofensiva final sobre Nagorno Karabaj, un territorio de mayoría de población armenia dentro de las fronteras azerbaiyanas. Los más de 100.000 armenios que vivían en el enclave huyeron a la vecina Armenia (solo han quedado una veintena de personas), con lo que se ponía fin, por la fuerza, a un conflicto que, desde la caída de la URSS, había motivado dos guerras abiertas entre ambos países e incontables enfrentamientos fronterizos con un saldo de más de 40.000 muertos y más de un millón de desplazados. El Gobierno de Armenia, más pobre y peor armado que su vecino, busca ahora firmar una paz definitiva con Azerbaiyán, pero las crecientes demandas de Bakú y la tensión en la frontera común —donde son habituales los intercambios de fuego y donde la UE ha desplegado una misión de observación— hacen temer que el proceso descarrile.

Israel y Turquía son los principales suministradores de armas de Bakú. Pakistán es también un firme aliado que ha enviado instructores militares a Azerbaiyán, además de realizar periódicos ejercicios militares conjuntos. La alianza azerbaiyano-israelí y las veleidades expansionistas de Bakú molestan en Irán, donde viven minorías azerí y armenia, importantes tanto en tamaño como en influencia. En varias ocasiones durante los últimos años, Irán ha desplegado fuerzas militares en su frontera con Azerbaiyán para enviar un mensaje al gobierno de Bakú. Rusia también mantiene tropas desplegadas en ambos países caucásicos.

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